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My favourite things

John Coltrane cuartet plays My favourite Things. 

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El comienzo no es amable. Esto ya no es el 61 y Elvin bufa como una locomotora desde el momento mismo en que marca con fuerza en los platos, hiriendo la textura, marcando el comienzo del Iditarod.

John se entretiene arremangando la abrazadera, pero sus tres perros no necesitan el aguijón del soprano para empezar a correr. Sienten el hielo firme, y ya no hay vuelta atrás.Finalmente, se escucha la trémula voz del musher, con su látigo vandoren muy blando, presentando la melodía solo dos veces. Qué más precisan. Saben a dónde ir.

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Pero el trineo no va detrás de los perros. Avanza adelante, y en otra dirección. Los perros siguen pensando derecho, pero John abre una huella distinta. Vuelve la melodía, los perros se orientan, el público se alivia, pero un bosque de trinos sumerge a todos nuevamente en la oscuridad. Complacido con esto, John se echa a dormitar y deja que los perros guíen. Encuentran un claro, y una aurora boreal: ¡que belleza, eh, Mc Coy!

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Pero Elvin comienza a gruñir. La belleza no es para los lobos. Todos fruncen el morro y quieren volver a la oscuridad, mientras aullán, con Mc Coy a la cabeza, frases entrecortadas en el idioma de sus padres.

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Tiran frenéticos de las correas, se bañan de vapor, corren enfurecidos. Pero se cansan. Las correas se aflojan y el conductor se despierta.  Se despereza y se prepara para el Génesis.

Ahora  no hay más que sudor y niebla. Un musher en Alaska o un predicador en Alabama, Coltrane se está asando al calor de sus propias ideas. Sube y baja su cabeza de bisonte y permite que ese demoníaco tropel de pequeños monos dorados suban frenéticos, chillando, por el soprano. Pocos logran llegar a su tudel, y menos aún son lo que logran tocar, con unción, la Otto Link, que está ardiendo.

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Una caricia, se queman, y se despeñan en el infinito abismo del pasado, con un grito de cólera. Miles y miles de monitos caen, sacrificados por el despilfarro de la fantasía del Predicador, que no se inmuta. No deja de crear huestes de encolerizados micos que reptan unos sobre otros, sacándose chispas al golpear sus carcazas doradas.

mono de oro.jpg El Predicador se incendia, pero sigue inmutable. Sus techos se llenan del humo blanco del incienso. Se está santificando. No es niebla, es humo de incienso. Para eso es necesario el sacrificio propiciatorio de los monos, que son cada vez más alargados y circulares. La cara empieza donde termina la cola, al punto que no se sabe cuántos monos son, si mil o uno. Se enroscan sobre el Selmer, con cada vez mayor parsimonia.

Lentamente sus cosas favoritas reaparecen, la efigie de la novicia rebelde con monos sobre los hombros y alrededor de los tobillos, con el eco ocasional de las maldiciones de aquellos que fueron echados al olvido. Los perros sonríen porque ahora es su amo quien aúlla, estaba silbando una canción de moda…pero ahora aúlla.

 

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El olor del Anselmito

El querido 3 CV

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Aprovecho para subir algo, ya que hoy es el día del dibujante y eso me parece argumento suficiente. En esta ocasión, subo algunas de las ilustraciones que realicé para el arte de mi propio disco (me cobré barato), llamado “El olor del Anselmito” . Ya subiré más. ¡Feliz día del dibujante para todos y todas! (los dibujantes, se entiende). Este dibujo esta basado en hechos reales.

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Las medias de los flamencos

Una ilustración que hice a partir de este hermoso cuento de Horacio Quiroga, del que pongo un fragmento:
“(…) Cuando vieron a tos flamencos con sus hermosísimas medias, todos les tuvieron envidia. Las víboras querían bailar con ellos únicamente, y como los flamencos no dejaban un Instante de mover las patas, las víboras no podían ver bien de qué estaban hechas aquellas preciosas medias. Pero poco a poco, sin embargo, las víboras comenzaron a
desconfiar. Cuando los flamencos pasaban bailando al lado de ellas, se agachaban hasta el suelo para ver
bien. Las víboras de coral, sobre todo, estaban muy inquietas. No apartaban la vista de las medias, y se
agachaban también tratando de tocar con la lengua las patas de los flamencos, porque la lengua de la
víbora es como la mano de las personas. Pero los flamencos bailaban y bailaban sin cesar, aunque
estaban cansadísimos y ya no podían más. Las víboras de coral, que conocieron esto, pidieron en
seguida a las ranas sus farolitos, que eran bichitos de luz, y esperaron todas juntas a que los flamencos se
cayeran de cansados. Efectivamente, un minuto después, un flamenco, que ya no podía más, tropezó
con un yacaré, se tambaleó y cayó de costado. En seguida las víboras de coral corrieron con sus farolitos
y alumbraron bien las patas de! flamenco. Y vieron qué eran aquellas medias, y lanzaron un silbido que
se oyó desde la otra orilla del Paraná. –¡No son medias! –gritaron las víboras–. ¡ Sabemos lo que es!
¡Nos han engañado! ¡Los flamencos han matado a nuestras hermanas y se han puesto sus cueros como
medias! ¡Las medias que tienen son de víboras de coral Al oír esto, los flamencos, llenos de miedo
porque estaban descubiertos, quisieron volar; pero estaban tan cansados que no pudieron levantar una
sola pata.(…)”

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¡Caracoles!

¡Sopa de Caracol!

3-Sopa de caracol!!

Aparte de “Despacito”, canción que la población caracolil se toma como una afrenta personal, el otro tema que está absolutamente prohibido en los antros de karaoke caracol es este infame éxito noventoso que se atreve a berrear este imprudente cantante, produciendo una muy lenta estampida. Me acabo de enterar que este dibujo esta siendo expuesto a kilómetros de aquí, en Lérida, Cataluña, España; como una de las obras elegidas en el X concurso de humor gráfico caracolero. No sé que suerte habrán corrido mis otras dos obras. Por las dudas, yo ya las expuse acá.

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¡Caracoles!, Uncategorized

Cámara lenta

2-caragol (bajarle el amarillo)

Segundo dibujo de la serie caracolar, en este caso presentando una problemática muy espinosa en la cadena Caragol: las repeticiones en cámara lenta, que insumen varios años de pantalla y al menos, tres o cuatro generaciones de periodistas deportivos. Pero bueno, todo sea con el fin de aclarar las polémicas ¿no?

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¡Caracoles!

El origen de los caracoles marinos

1- El origen de los caracoles marinos

Comienzo hoy esta nueva serie en la que voy a mostrarles los dibujos con los que participe del X concurso de Humor Caragolero de Lérida, en España. El hecho que ahora este subiendo este dibujo y no comiendo caracoles (lo cual no sé si es bueno o es malo) en la soleada Cataluña, habla a las claras de como me fue en el concurso… Otra vez será. De todas formas, hoy como locro.

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El salto del Tigre

tigre

¿Que pasa cuando me regalan un Sharpie y tintas chinas para mi cumpleaños? .Bueno, básicamente, pasa esto, dibujo un tigre planeando, presto a abalanzarse sobre los aterrorizados cervales, en medio de la jungla india. Y después me paso cuatro días puteando porque tengo que pintar un dibujo lleno de pequeños detalles. Espero que les guste, por lo menos.(Gracias Verónica y Noel por el regalo)

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